Artículos 2026
Que Dios nos ayude

Han pasado 100 días desde que empezamos a vivir una situación que ninguno de los peruanos imaginó,
estar confinados en nuestras casas, pedir permiso para salir de urgencia a un hospital o a cualquier centro
médico y después de haber recorrido un largo camino, darnos cuenta que tenemos que extremar
cuidados, guardando la distancia requerida para movilizarnos en los diferentes unidades de transporte,
de tal manera que evitemos a toda costa contagiarnos.


No por el hecho de que la cuarentena va a terminar, quiere decir que el COVID-19 ha desaparecido, no
es así, tenemos que seguir luchando hasta esperar que un remedio o la vacuna nos libre de esta terrible
pesadilla. Esta enfermedad mundial ha traído desgracia y desolación en todo el mundo, lo que no
entendemos es que como hemos podido permitir que tanto en Lima, capital de la República del Perú,
como en provincias nos esté faltando oxígeno para poder vivir, como ha sucedió en varios lugares, esto
es inconcebible, no lo podemos permitir, no tener un lugar donde dormir no es tan peligroso, podría ser
incomodo, sí, pero no peligroso, pero no tener oxígeno para paliar esta enfermedad mortal , eso se llama
“asesinato”, palabra dura pero verdadera.


Nunca me imaginé que la gente tenga que atravesar estas circunstancias, hemos visto durante estos 100
días, como nuestras Fuerzas Armadas, Policiales, Serenazgo han arriesgado sus vidas en primera línea
y de cómo malos peruanos han robado la comida del pueblo, la cual fue donada por el Estado y por las
instituciones privadas, esto es un abuso y debe ser investigado por las autoridades pertinentes.
Muchos de nosotros hemos estado impedidos de trabajar por disposiciones del Gobierno, pero ahora
estamos obligados a pagar los recibos de luz cuyos consumos no fueron efectuados y así también sucede
con el gas, pues hoy nos encontramos en un pandemonio muy difícil de arreglar.


Nos ha tocado vivir tiempos muy difíciles y se vienen tiempos peores, donde muchos colegas van a
perder sus empleos, no van a poder pagar su hipoteca, sus tarjetas de crédito y van a tener que pedir a
los Bancos refinanciaciones de deudas adquiridas en tiempos de paz, cuando estamos en tiempos de
guerra.


Para evitar los contagios, los transportistas deben trasladar la mitad de personas que transportaban, de
tal manera que hoy los propietarios de las unidades indican que tienen que subir el importe del pasaje o
que el estado les subvencione, los taxistas deben llevar cómo máximo dos pasajeros, todo esto hace que
nuestra vida cotidiana, tenga que costar más, como dice el refrán “llueve sobre mojado”, por último
¿Qué haremos pagar nuestras deudas?, nadie lo sabe, lo único le que le rogamos a Dios es que esta
situación termine lo antes posible.

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